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martes, 18 de octubre de 2011

PRÓLOGO

En dicho acervo de ideas y expresiones se tratará de enfocar las distintas miradas y opiniones a fin de ubicar a los autores dentro de su contexto histórico y social enfocando el estilismo propio de cada uno de ellos.
En estos tiempos en que la imagen y el estilo invaden los pensamientos, donde la desmedida  información limita la entrada a los  laberintos de la historia y la literatura, este proyecto pretende guiar   la búsqueda literaria que en los comienzos del siglo XXI se encuentra perdida u olvidada.
Este trabajo deja abierta sus páginas, a fin de que cada cual pueda continuar su construcción, con el objetivo de encontrar la correspondiente salida al miedo que lo desconocido suele producir. Es tan solo un primer paso. Desde aquí comenzamos a crear el mundo, el cual dependerá de cada lector; de sus experiencias, intereses y deseos.

lunes, 17 de octubre de 2011

EGIPTO

El oficio de escribir

“Los escribas”


“Un escriba, en cualquier puesto de la ciudad, no padecerá”.
No hubo en Egipto profesión mejor considerada ni realizada con menor esfuerzo físico. El escriba era un alto funcionario al servicio del faraón, de un dignatario o de un templo. Sus ocupaciones eran muy variadas: en los campos, comprobaba la posición de los límites después de las inundaciones periódicas del Nilo y contaba el grano de las cosechas para calcular los impuestos que los campesinos debían pagar. El ganado, el vino y otros productos que entraban en los almacenes reales también pasaban por sus manos. Y no acababan aquí sus obligaciones, sino que, a veces, escribía contratos, actas judiciales y cartas para particulares. En los templos, además, había sacerdotes que sabían escribir y se dedicaban a copiar textos y a recitar fórmulas rituales.
Generalmente el oficio de escriba se pasaba de padre a hijo. Durante el imperio antiguo, cada escriba enseñaba personalmente a su hijo, pero a partir del Imperio Medio, en algunas ciudades aparecieron las escuelas o Casas de la Vida.

El “Alfabeto” egipcio


La escritura egipcia apareció hace más de 5.000 años hacia el 3.100 antes de nuestra era. Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre su origen: algunos defienden que procede de Mesopotamia, donde la escritura se inventó unos pocos siglos antes; pero otros sostienen que es autóctona de Egipto, pues ya en el Período Predinástico aparecen signos que son casi idénticos a los ideogramas. La escritura jeroglífica egipcia, basada en un sistema mixto ideográfico-fonético, se mantuvo inalterable durante 3.500 años, hasta el siglo IV de nuestra era. Pero, además, dicha escritura dio lugar a un sistema en cursiva ya desde el inicio del Imperio Antiguo: la escritura hierática.
Al igual que otras lenguas, el primer paso de la escritura egipcia fue representar gráficamente aquello que veían. Es decir, dibujar una boca cuando quería escribir la palabra “boca”, de este modo surgieron los ideogramas. Pero pronto surgió un inconveniente al surgir la idea de representar conceptos abstractos, en ese caso se les ocurrió desposeer de significado a la mayoría de los ideogramas y concederles un valor solamente fonético, es decir, si “boca” se decía r, ese signo no representaba ya a la boca sino al sonido r, de este modo nacieron los fonogramas o signos que representaban signos. Los fonogramas podían ser de tres tipos dependiendo de la cantidad de sonidos que estos emitían: Uniliteros, bilíteros o trilíteros.

La escritura hierática


El primer tipo de escritura egipcia fue el jeroglífico, pero, ante su complejidad, surgió una escritura  más sencilla. Mientras que el jeroglífico se reservó para los monumentos, esta nueva escritura, el hierático, se adaptó a los demás ámbitos. Textos administrativos, notariales, científicos, cartas, censos e incluso textos literarios se escribían en hierático. Los escribas usaban  esta escritura en papiro. Se empezaba de derecha a izquierda, casi siempre. Hasta la dinastía XI los textos iban en columnas, pero a parir de la dinastía XII se escribió en líneas. Son raros los textos del Imperio Medio y Nuevo escritos en columnas.
El hierático no siguió una evolución lineal. Durante el tercer milenio se empleaba el hierático antiguo, a medida que su uso se fue generalizando durante el Imperio Medio, los signos se modificaron, las ligaduras se acentuaron y se crearon dos estilos. En escritos de tipo literario la caligrafía era muy esmerada, mientras que en textos administrativos y en cartas los trazos eran muy rápidos y esquemáticos.
El segundo período intermedio fue una época de esplendor para el hierático, con la utilización de signos más redondos. Pero la gran época del hierático fue el Imperio Nuevo, cuando se produjo una revisión de este tipo de escritura. Bajo el reinado de Tutmosis III, los signos hieráticos tienden a parecerse más a los jeroglíficos. Se introducen rubricas y adornos. Se encuentran algunos escritos en piedra, como grafitis en los monumentos. Es en esta época cuando se empezó a producir una diferencia entre la escritura del Alto y del Bajo Egipto. Aunque el demótico se convirtió en la escritura oficial en todo el país, el hierático se mantuvo hasta el periodo Ptolemaico.

domingo, 16 de octubre de 2011

EL IMPERIO ANTIGUO


“Los escritos Sapienciales”


La escritura sapiencial nace en el Imperio Antiguo. Sus comienzos hay que ir a buscarlos en las Casas de Vida, donde se instruía a los escribas que aprendían a leer y escribir y serían después consejeros del faraón. La Casa de Vida abarcaba la enseñanza religiosa y las materias científicas, como matemáticas, astronomía o medicina. Maestros y alumnos eran capaces de hacer especulaciones religiosas gracias a todos los conocimientos que adquirían. En estos círculos intelectuales se empezó a valorar la obra propia y a pesar de que se encargaban de copiar obras antiguas también podían escribir sus propias ideas. Esta estima por sus obras les llevó a firmarlas y de ahí que conocemos a los principales autores. Se tratan de obras pedagógicas, de intenso contenido moral, consejos que el individuo debe aplicar a la vida cotidiana, por ello son llamados “aleccionamientos o enseñanzas”. En el Imperio Antiguo hay cuatro autores cuyas obras eran copiadas aun en el Imperio Nuevo y que forman el canon del clasicismo literario egipcio: Ptahhotep, Hordyedef (hijo de Quéope, de la dinastía IV; Imutes y Kares (probablemente, padre de Kaguemni)
“No estés orgulloso de tu saber, sino que toma consejo dl ignorante como del sabio. Una bella palabra está más escondida que la esmeralda, pero se la puede encontrar en la sirvienta que trabaja…” (Enseñanzas de Ptahhotep)




sábado, 15 de octubre de 2011

ÉPOCA ARCAICA

 La Teología Menfita


La Teología Menfita que ha llegado a nuestros días se encuentra únicamente recogida en la llamada Piedra de Shabaka, una piedra de granito negro, de 137 x 32 cts. Y que actualmente se encuentra expuesta en el Museo Británico. La Piedra tiene numerosas lagunas y se encuentra bastante dañada en su parte central (columnas 24 a 47) debido a su reutilización como rueda de molino. El texto está dividido en dos líneas horizontales y 62 columnas.
En ella se narra el relato de la Creación mostrando a Ptah como dios supremo creador, a través de la palabra, de los nueve dioses que componen la Enéada Heliopolitana y del mundo.
 El texto fue copiado en la Piedra por orden del rey Shabaka, gobernante de Egipto perteneciente a la Dinastía XXV (712 – 698 a.C.), debido a que el original, escrito en papiro o en piel, fue encontrado devorado por los gusanos.
 Es difícil precisar a qué período corresponde la Teología recogida en la Piedra, es decir, el posible texto original del que fue copiado el que nos ha llegado. Egiptólogos como Erman, Sethe, Junker y Frankfort sugirieron que el texto original debía de datarse en el Imperio Antiguo, teniendo en cuenta el lenguaje arcaico que presentaban las inscripciones de la Piedra, similar, en ocasiones, al empleado en los Textos de las Pirámides. Sin embargo, los últimos estudios sobre la piedra hacen creer a la mayor parte de egiptólogos, que el texto original lejos de poder ser datado en el Imperio Antiguo podría situarse en el Imperio Nuevo, Dinastías XIX-XX o en la propia Dinastía XXV. En este sentido, F. Junge sitúa el texto en la Dinastía XXV, considerando que el uso del lenguaje arcaico no es sino un medio utilizado para reforzar la importancia del contenido del texto, al igual que los egiptólogos del Museo Británico, para los cuales el texto que recoge la Piedra de Shabaka no es sino una compilación que reproduce textos muy tempranos, llegando a la misma conclusión en cuanto al lenguaje utilizado. J. Zandee lo data en la Dinastía XIX.
 Lo que sí es seguro es que la Teología en sí se desarrolló en una época temprana en la que Ptah y Menfis gozaban de una gran relevancia.

lunes, 10 de octubre de 2011

REINO ANTIGUO

El Reino Antiguo es conocido por el tiempo de los constructores de las pirámides y también por la época menfita, por ser su capital la ciudad de Menphis, al sur del actual Cairo. Quizás, la historia del desarrollo de la forma de la tumba real, nos puede resumir la historia de la dinastía tercera y del resto de las dinastías del reino antiguo.

La tumba egipcia, como explicamos en las dinastías anteriores se desarrolló desde una simple fosa, hasta llegar a ser una casa de más de 30 habitaciones a finales de la segunda dinastía. Durante el reinado de Zoser, de la tercera dinastía, apreció un genio llamado Imhotep, que más tarde llegó a engrosar la larga lista de las divinidades egipcias, como dios de la medicina y que fue venerado incluso en la época griega con el nombre de Harpocrates.
Imphotep, era un genio de la arquitectura en su tiempo que experimentando llegó a construirle al rey Nether Nekht o Zoser la pirámide escalonada con su complejo funerario y su patio de las fiestas de bodas trinerarias del Rey. En este complejo impresionante observamos la aparición y el desarrollo de la mayor y más antigua construcción de piedra de la humanidad. La pirámide tiene más de 60 metros de altura y está compuesto de seis gradas de bloques de piedra caliza.
Después de Zoser e Imphotep, el egipcio desarrolló, entre otras muchas cosas, la arquitectura, la administración, la escultura, lo que pudo permitir, la realización de obras tan majestuosas como las grandes pirámides de Snefru, Keops, Kefren y Mycerinos.
Snefru padre de Keops, llegó a construir dos pirámides, una se llama la inclinada y la otra la plana. Durante la construcción de la primera pirámide, los arquitectos descubrieron que habían empezado con un ángulo de inclinación bastante grande y que si siguieran con él la pirámide habría alcanzado los 200 metros de altura y que probablemente las bases no resistirían. Por eso tuvieron que cambiar el ángulo y terminar la pirámide, lo que hizo que tuviera una forma curvada. Parece ser que el Rey Snefru, cuyo reino se extendía desde Nubia hasta las fronteras de Palestina, no quedó satisfecho y ordenó construir otra pirámide con menor ángulo y por eso tuvo una forma más plana que las famosas pirámides.
Le tocó al rey Keops, hijo de snefru terminar la primera, la más grande y la única superviviente de las maravillas del mundo antiguo. 2,3 millones de bloques de piedra caliza y granito, con un peso medio de entre 1.5 y 40 toneladas y con una altura de 146 metros. Las cuatro caras de la pirámide encaran casi perfectamente los cuatro puntos cardinales. La pirámide era revestida de piedra caliza blanca y su núcleo es de granito con bloques de casi 200 toneladas.
Se cree que en la construcción de la gran pirámide de Keops participaron más de 100.000 personas durante más de 20 años. Esto nos hace suponer que la economía del país pasaba una época excelente y que la administración era bastante desarrollada para manejar a tantas personas y material. Un estado que duró durante los reinados de Kefren y Mycerinos.
Kefren es el faraón de la segunda pirámide, que aunque de menor tamaño que la de Keops, fue construida sobre una meseta más alta y parece más grande que de su padre. La famosa esfinge de 72 metros de longitud y 20 metros de altura lleva la cara de Kefren y el cuerpo de un león sentado.

La pirámide de Mycerinos, aunque mucho más pequeña que la de sus predecesores, de 60 metros de altura, era también una gran maravilla de la antigüedad, puesto que estaba toda revestida de granito.
Desde finales de la dinastía tercera el culto al dios del sol Ra, adquirió una mayor importancia y rango sobre las demás divinidades del panteón egipcio. Las pirámides, los obeliscos, simbolizaban la primera tierra sobre la cual salió el dios Ra desde el océano primitivo en forma de un escarabajo empujando el disco solar.
El culto al dios Ra, era un culto caro y elitista. El difunto sólo podía aspirar a ganar la gloria de Ra, si tenía bastante fortuna para hacerse una pirámide o al menos una gran mastaba, llena de relieves que representan sus riquezas y sus sirvientes, con estatuas y sarcófagos y cabezas sustitutorias y puertas falsas que guiaban el alma hasta el cuerpo del difunto.
Como consecuencia al mal estado de la economía y la pérdida de prestigio de los faraones a favor de los gobernantes locales, y los sacerdotes lo que se puede observar en el tamaño de las tumbas y los tesoros descubiertos de unos y otros, la Sociedad egipcia durante la sexta dinastía vivió la primera revolución social que tuvo sus manifestaciones en el abandono popular del culto de Ra a favor del dios Osiris, el dios justo que sólo juzgaba a los hombres pesando sus corazones contra la pluma de la justicia en la balanza del juicio final. Por primera, vez un faraón es asesinado-Teti I- las pirámides saqueadas y los templos derribados.
Durante el reino antiguo, se fraguó lo que a lo largo de la historia del Egipto Antiguo, iba a ser la figura del Faraón: Sa Ra, o hijo del dios del sol Ra; Horus, representación del heredero de Osiris en la tierra. Era el único que podía tener su nombre en el símbolo del cartucho.
A pesar de la casi omnipresencia del dios Ra durante una gran parte del Reino Antiguo, existían otras divinidades importantes, como el alfarero Khnom con forma de carnero, que creaban las criaturas en su rueda de alfarero, el dios Men, de la fertilidad, el dios ptah el artesano de Menphis que creaba las cosas pensando en ellas y balbuceando su nombre.; el dios Osiris del más allá y su mujer Isis y su hijo Horus.
No todo era muerte y religión en el antiguo Egipto. En las mastabas de Sakkara vemos escenas maravillosas de la vida cotidiana, como la cría del ganado, la agricultura, la música y el baile, el deporte, etc.
La escultura llegó a su cénit aunque lejos del realismo, representaba la idealización obligada de los faraones endiosados. La literatura también tuvo sus obras maestras en los textos de las pirámides y las enseñanzas de Ptah Hotep.

miércoles, 5 de octubre de 2011

PRIMER PERÍODO INTERMEDIO

El Primer periodo intermedio se extendió cronológicamente entre el 2160 al 2055 a.C. y abarca las dinastías de la IX a la XI. Según los hallazgos realizados en cementerios del Alto Egipto en esa época, se puede deducir que la incapacidad por parte de la corte para controlar los recursos del país, dio lugar a un aumento en el poder de los gobernantes provinciales, mientras que la monarquía quedaba como un símbolo desprovisto de poder real.
Menos datos tenemos de lo que ocurrió en el norte del país, en el que aparte de testimonios de invasiones de origen asiático en el delta, solo poseemos la descripción literaria de la época en las “Instrucciones de Merikare”. Además parece que en los inicios de este periodo, coexistieron alteraciones climáticas, que influyeron en los desbordamientos del Nilo, con situaciones de hambre en la población.
A partir de las listas reales de Abidos y de Turín, sabemos que existieron 18 faraones en 20 años, lo que indican una gran inestabilidad, fruto de ello es la ausencia de grandes pirámides. Tras los efímeros reinados de MERENRA-ANTYEMSAF II, y de NEITIKERTY probablemente su esposa, el estado menfita se hunde irremisiblemente durante el transcurso de las Dinastías VII y VIII, que son sumamente controvertidas en lo que se refiere a su cronología e incluso a su existencia real en el caso de la Dinastía VII. Esta dinastía se compuso según Manetón de “70 reyes que reinaron 70 días”. Más parece un consejo de notables, temporal, constituido en periodo de crisis, que una verdadera dinastía, o bien pudo referirse a reyezuelos encumbrados por un breve periodo de tiempo. En suma, sería una época de continuas luchas con un cambio de monarca constante. La Dinastía VIII parece heredera de la VI. Lo que se considera como una recuperación o restauración del poder establecido. KAKARA-IBI  (ABA), llega incluso a construir una pirámide en Saqqara y conocemos documentos correspondientes a casi una veintena de faraones. Los últimos monarcas son conocidos por decretos dictados en favor del visir de Coptos, que son muestra del poder, aunque sea protocolario, que Menfis sigue ejerciendo sobre el Alto Egipto. El Delta, por su parte, ha sido invadido por invasores asiáticos Maneton nombra a ACTOES como fundador la Dinastía IX (2222−2130). que probablemente se corresponde con el MERYIBRE-JETY histórico, fue el monarca de Heracleópolis alrededor del cual se unieron inicialmente los nomos del Egipto medio-bajo. Depuso a la monarquía menfita, aunque no parece que este hecho se produjera de un modo violento. Descrito como un cruel tirano, intentó liberar el delta de los invasores asiáticos sin conseguirlo. Heracleópolis fue la nueva capital. Existen sobre todo lagunas más que hechos históricos de este periodo. Probablemente Actoes a pesar de proclamarse rey del Alto y Bajo Egipto solo domino parte de este último con alianzas realizadas con los monarcas que reconocían su autoridad. Por ejemplo, en Moalla, Ankhtifi, el monarca de Hierakómpolis, hijo de Hetep y con título de “monarca” y “gran sacerdote”, dejó en su tumba una autobiografía en la que nos hace saber su fidelidad al rey de Heracleópolis y su intervención en la lucha contra la ciudad de Armant, en el nomo de Tebas, y contra sus aliados del nomo de Coptos, aunque no nos cuenta el desenlace. También sabemos que nomo de Asiut era aliado de Heracleópolis, hasta el punto de que sus nomarcas llevaban los mismos nombres que los faraones heracleopolitanos y alguno de sus príncipes fue educado en la corte; su fidelidad le permitió mantener la  independencia del poder de Heracleópolis. Mientras tanto en el Sur del país existían nomos independientes que establecieron alianzas entre sí para frenar el creciente poder del gobierno de Heracleópolis. Algunos adquirieron una gran importancia como el de Coptos. Otros nomos permanecieron neutrales cuando se produjo el enfrentamiento entre Tebas y Heracleópolis, en algún caso ininterrumpidamente hasta bien entrada la XII dinastía. INTEF fue un gobernante Tebano que sin independizarse totalmente del Bajo Egipto obtuvo una cierta autonomía del poder de Heracleópolis. Le sucede MENTUHOTEP I. Con su sucesor UAHANJ-INTEF II, el sur, según nos narra la biografía de Hetepi procedente de EL-Kab y la tabla de Karnak (DXVIII), se unió bajo su liderazgo y proclamándole rey del Alto y Bajo Egipto, fundando la Dinastía XI. La  monarquía Heracleópolitana de la Dinastía X gobernada por UAHKARA-JETY contraatacó destruyendo Abidos y Tinis que se había sublevado. Uahanj-Intef II resultó vencedor independizándose del Bajo Egipto, y controlando el Alto Egipto excepto Assiut. Las referencias a este conflicto, provienen tanto de las tumbas de Tebas, como las de Deir Rifeh, cerca de Asiut. Durante esta época, Egipto se sumergió en un largo y duro enfrentamiento para alcanzar el poder, entre el gobierno del Norte con MERIKARE-JETY, (cuya época coincide probablemente con la narración literaria “Instrucciones a Merikare”). Este rey, tras establecer una política de alianzas y represiones con los pueblos extranjeros inmigrantes, sobre todo tribus beduinas que se instalaban en el Delta y en el Bajo Egipto, acabó por expulsarlos. Allí instala colonos para evitar nuevas penetraciones de nómadas. Dividió el reino en distritos que dependían de Menfis y construyó canales de regadío. Luchó contra Uahanj-Intef II  y NAJTNEBTEPNEFER-INTEF III de Tebas. Este último consiguió arrebatarle Assiut. Su sucesor NEBHEPETRE-MENTUHOTEP II acabó con NEBKAURE-JETY y con la dinastía X Heracleópolitana, aunque no se conocen detalles como ocurrió, sabemos, según textos hallados, que dos de sus funcionarios sirvieron en la propia Heracleópolis. Es decir que hacia el año 2000 a.C.,  Mentuhotep II reunificó el Alto y Bajo Egipto en el año 14 de su reinado, adoptando el nombre de Horus Sematauy ("El que une los Dos Países"). También están descritas durante este periodo expediciones a Nubia y Sinaí y posiblemente escaramuzas en la zona de Siria y Palestina. Con esto finaliza el Primer Periodo intermedio.
Culturalmente durante este periodo, se produce un cambio importante tanto en la mentalidad, como en la literatura, en la religión y en la sociedad en general. Las fuentes históricas son casi nulas, pero parece existir un cierto caos político-social, que algunas veces se ha exagerado, ya que no parece demostrada una auténtica ruptura con el poder real previo.
En general todos los autores están de acuerdo en atribuir al este periodo intermedio el contenido de un texto conservado en un papiro de la XIX dinastía, pero que pudo haber sido compuesto durante la XI. Se trata de "Las lamentaciones del sabio Ipwer", una composición que transmite la pesimista imagen de un miembro de la élite que ve cómo el caos se instala en el país, a la vez que desaparece el antiguo orden:

"Se están produciendo acontecimientos que no habían tenido lugar desde la noche de los tiempos: el rey ha sido derrocado por el populacho. Aquel que había sido enterrado como Halcón ha sido extraído de su sarcófago. La cámara de la pirámide ha sido saqueada. Se ha llegado a un punto en el que un puñado de individuos que no sabían nada del gobierno han despojado al país de su realeza.....",  "La sala del juicio, sus archivos, han sido saqueados, los despachos públicos allanados y las listas del censo destruidos, los funcionarios son asesinados y sus documentos robados...". "....El Nilo golpea y no se labra..., las mujeres son estériles, ya no se concibe..., los pobres se han apoderado de la riqueza y quien no tenía ni sandalias es ahora dueño de inmensas fortunas..., las puertas, columnatas y muros arden..., el desierto se abate sobre el país, los nomos son destruidos y los asiáticos han llegado a Egipto desde el exterior....".

Esta decadencia se vio reflejada también en el arte, con escasas de representaciones y de estilo tosco y ausencia de grandes monumentos.
La literatura en cambió destaca por su gran florecimiento, con libros doctrinales o didácticos, que reflejan un cambio social. Como ejemplos tenemos el señalado para Merikare que es un tratado de gobierno en forma de consejos. Otro es El Campesino Elocuente que es un relato literario.
La crisis social y económica propiciaron cambios a nivel de la sociedad, que desarrolló una mayor autosuficiencia con menor dependencia del estado, así como un encumbramiento de la burguesía y un aumento de la clase media que dio lugar a diferencias socioeconómicas como lo reflejan las tumbas y las construcciones urbanas.
La religión, los rituales y las creencias funerarias se socializaron, reflejo de lo que ocurría en la vida civil. Los Textos de las Pirámides, reservados a los faraones, se transformaron en Textos de los Sarcófagos, asequibles a cualquier persona con poder adquisitivo alto, y generalizándose durante el periodo posterior.  Osiris  que antaño era considerado un dios funerario real, se convirtió durante este período en el más popular de los dioses siendo accesible a todos. Algunos reyes se hicieron construir cenotafios en Abidos. La élite se enterraba en mastabas e hipogeos decorados. Destacaron también los dioses tebanos Montu y Amon. Tras la caída de la Dinastía X,  Amón alcanzó la supremacía religiosa.

sábado, 17 de septiembre de 2011

REINO MEDIO

El reino medio no era tan majestuoso como el reino antiguo, pero tampoco fue una ruptura. 
Después de los asesinatos y la pérdida del poder de los faraones, la figura del faraón se hizo un poco más humana. Ya no es más importante que los dioses mismos, ni que va por delante de ellos en las representaciones y las estatuas, sino es más humilde, arrodillado delante de ellos y necesitado de ellos y de los sacerdotes. 
Las pirámides del reino antiguo no consiguieron proteger las momias de los grandes faraones, y tampoco la economía podía permitirse más esfuerzo, así que aunque se mantuvo la forma piramidal de la tumba real, el material era el ladrillo y piedras más perecederas. Para compensar la falta de robustez y despistar a los saqueadores, las pirámides se complicaron por dentro y se llenaron de trampas. 
Después de la revolución social y religiosa contra los faraones, el dios Ra y sus sacerdotes, el dios Osiris adquirió una importancia bastante grande y su supuesta tumba en Abydos se convirtió en un lugar de peregrinaje de todo el país. 
Otras divinidades importantes de la época eran Monthu el dios de la guerra con las forma de un halcón protegido por el sol y la cobra, y el dios Sobek con la forma de un cocodrilo. El dios Amón, que antes era la divinidad local de la ciudad de Thebes, se iba convirtiendo poco a poco en el gran dios nacional y se asoció con las grandes divinidades anteriores, como Ra, Osiris, Ptah y Men. 
La humanización de la sociedad dio lugar a un apogeo de la literatura y la época nos dejó unas obras maestras como el Papiro de Sinuhe, y el pairo del navegante perdido.

LA HISTORIA DE SINUHÉ

Sin duda el texto estelar de la gran narrativa egipcia de la época Faraónica es el que conocemos como El Relato (o la Historia) de Sinuhé. Escrita hace unos 4000 años, hacia la primera mitad de la Dinastía XIIª (siglo XIX a.C.), durante el Reino Medio, el período para algunos más creativo y dorado de la civilización faraónica, se nos presenta aún hoy día como un texto fresco, entretenido y aleccionador.
Los antiguos egipcios la  consideraban indudablemente una de sus más acabadas obras literarias, un texto que reflejaba como ninguno sus valores e ideales. En este sentido se nos antoja que la Historia de Sinuhé fue para el Egipto Faraónico una especie de “obra nacional”, de una forma parecida a como lo fueron la Ilíada y la Odisea para la Civilización Grecorromana, la Epopeya de Gilgamesh para los mesopotámicos, o por acercarnos más a nuestro mundo, la Chanson de Roland para la Europa medieval… La cantidad de copias que se han recuperado de este texto, en papiro, en ostraka o en tablillas de madera, así como las menciones recurrentes de que era objeto en las escuelas de escribas y en general en los ambientes cultos y cortesanos, son el perfecto exponente de una popularidad que no admite parangón con ninguna otra obra literaria del legado Faraónico.
Las razones de este éxito y popularidad son múltiples. Por un lado la Historia de Sinuhé es un texto de bello y cuidado lenguaje, compuesto con cuidado y esmero. La trama proporciona emoción al lector, lo funde con el protagonista, saludando jubiloso el final feliz que inevitablemente debía llegar. Al igual que la célebre leyenda mitológica de la pasión, muerte y resurrección de Osiris, la favorita de los egipcios, donde las peripecias del dios y de sus divinos familiares, en especial la esposa abnegada, la fiel y valerosa Isis, y el hijo y heredero, Horus que acabará imponiéndose y vengando al padre, tenían un poder de atracción y una fama incomparable, el Relato de Sinuhé avivaba los sentimientos humanos básicos del lector egipcio, lo mantenía en vilo, y se encontraba plenamente identificado en él.
Porque –y aquí llegamos a una de las claves- Sinuhé encarnaba el modelo de aquello a lo que todo egipcio (que no fuera un pobre campesino) aspiraba a ser: el perfecto cortesano, el noble fiel y eficiente al servicio del soberano, el buen funcionario, astuto, inteligente y que, sin necesidad de ser particularmente valeroso, afrontaba las soluciones límite que le ponía por delante el destino. Además, detrás de toda la vida, los viajes y las peripecias de Sinuhé emergen dos elementos fundamentales de la visión que los egipcios tienen del mundo: por una parte, el Faraón, referente indiscutible, único señor digno de tal nombre, dueño de la vida terrena y garante de la eternidad venturosa de sus súbditos, dios vivo y buen pastor, juez y amo, patrón y benefactor. El segundo elemento, de igual o mayor importancia, es la devoción a la patria egipcia, al valle del Nilo, la “Tierra Amada”, fuera de la cual, de sus gentes y costumbres, es muy difícil para un egipcio entender que exista la felicidad de una vida plena y la seguridad de la bienaventuranza eterna. El egipcio, como Sinuhé, marcha al extranjero impelido por fuerzas mayores y, sin duda, anhela siempre volver a Egipto, si no para vivir, sí al menos para morir, y compartir el glorioso destino de sus antepasados.
En torno a estos tópicos gira toda la trama del Relato de Sinuhé. Veamos, a grandes rasgos los principales hitos argumentales de la historia:
-Tras un breve prólogo que recuerda mucho una biografía funeraria (hasta el punto de que hay aún quien sostiene la historicidad de nuestro personaje), nos encontramos con el auténtico principio de la obra. De una forma casi abrupta se nos informa que se ha producido un magnicidio, que, cosa inaudita para un egipcio, la persona sagrada e inviolable del faraón, ha sido profanada. La muerte del rey, Amenemhat I, es así presentada con unos términos casi mitológicos, pero que sin embargo no acaban de ocultar lo que sabemos por otros documentos contemporáneos: que el soberano murió asesinado, víctima de un complot palaciego en el que habrían estado implicados importantes cortesanos e incluso posiblemente miembros de la propia familia real. El príncipe heredero, Sesostris (el futuro Sesostris I), que se encontraba de campaña contra los libios, es advertido y rápidamente se apresura a la capital para restaurar la situación y asegurar la continuidad dinástica. Sinuhé, de alguna manera, entiende que puede verse –injustamente dice él- implicado en la conjura. Presa de pánico, abandona la capital y huye. La ruta que sigue en su huida hasta atravesar la frontera egipcia esta descrita con profusión de detalles y mención de topónimos, y, sobre todo, con una gran viveza literaria, como en el episodio en que, llegando ya hasta la fortaleza que se alza en la frontera oriental egipcia, nuestro personaje se oculta en unos arbustos y acecha a los centinelas para aprovechar la ocasión propicia de abandonar Egipto. Así llega al Sinaí, pero solo para verse perdido en medio de uno de los desiertos más duros del Oriente Próximo. Sin comida ni agua, solo y abandonado, Sinuhé desfallece, se abandona en el suelo, y creer morir.
-En este punto el relato experimenta un giro inesperado. Sinuhé escucha el mugido del ganado, y se encuentra con un grupo de beduinos, en cuyo campamento es acogido hospitalariamente, le ofrecen alimento y cobijo, lo alimentan y en definitiva le salvan la vida. El jefe de la tribu, el jeque Amunenshi, lo recibe con alabanzas y grandes muestras de respeto, e inquiere por la situación en Egipto. Esta pregunta se convierte en una oportunidad para que Sinuhé realice un auténtico encomio del nuevo faraón (Sesostris I) lleno de pasión y fidelidad, algo que uno difícilmente esperaría de un exiliado… Amunenshi, impresionado, coloca a Sinuhé al frente de una de sus tribus y a cargo de un territorio rico y de importancia estratégica, y por si eso fuera poco le da en matrimonio a su propia hija. Los años pasan y Sinuhé prospera en tierras de Palestina y Fenicia. Desde Biblos a Gaza, sus hazañas y correrías acrecientan su fama y respeto. Pero también generan envidia y rivalidad. Así, un buen día, recibe el desafío de otro caudillo sirio-palestino, que lo reta a combate singular, con vida, bienes y súbditos en juego. Este auténtico “combate de jefes” se convierte en un espectáculo que atrae a multitudes al lugar del evento. El rival de Sinuhé es un gigante de envergadura colosal, ante el cual el egipcio parece destinado a ser derrotado y a morir. Pero Sinuhé tiene preparada su estrategia: agota a su rival, evitando el cuerpo a cuerpo, y luego lo mata clavándole una saeta en el cuello. Nuestro héroe le corta la cabeza en medio del delirio de la multitud. Ahora sí que su celebridad no conoce ya límites, y su influencia y prosperidad en Siria, son incomparables.
-Pese a todo, Sinuhé no es feliz. Añora Egipto, su tierra, a su gente, y a su rey. Desea volver, envejecer allí y ser enterrado conforme a las prácticas y rituales egipcios. Y se produce el milagro, Recibe una carta del mismísimo soberano. La carta-decreto de Sesostris I es una de los fragmentos más elocuentes y vívidos de todo el relato. Después de reprocharle su huida, insistiéndole en que nada tenía que temer y que nadie dudaba de su inocencia, le exhorta a regresar. Le recuerda su favor en la corte, especialmente por parte de la reina y los príncipes de la corona, que lo conocen bien puesto que Sinuhé había desempeñado funciones cerca del harén. Y, sobre todo, le advierte lo que le supondría morir en tierra extranjera, entre los asiáticos, y ser enterrado según sus bárbaras costumbres. En un pasaje verdaderamente único, el faraón le describe con detalles un funeral de lujo, que le estará reservado a él si vuelve. Esto es demasiado para Sinuhé. Lo abandona todo, no sin dejar arreglados sus asuntos en Asia, colocando a su hijo mayor al frente de su tribu y sus posesiones, y emprende el regreso a Egipto.
-El tramo final de la Historia de Sinuhé es una feliz sucesión de secuencias que suponen la restitución de Sinuhé a su lugar, a su posición social y, en definitiva, lo convierten otra vez en egipcio. Es recibido por el rey en persona, y por la familia real y la corte al completo. Se le despoja de sus hábitos asiáticos y de su aspecto de extranjero. Se le coloca en una mansión regia, posiblemente al servicio de alguno de los príncipes a los que tan bien conocía desde pequeño. Finalmente, se le asigna un terreno, medios materiales y humanos para edificar una tumba adecuada a su rango y al favor del que disfruta ante el faraón. Así, apaciblemente establecido en el lugar que le vio nacer, querido y respetado por todos, Sinuhé espera tranquilo y confiado la muerte…
Las enseñanzas que de este extraordinario texto podemos extraer son múltiples y variadas. Toda la trama desemboca en un final que se nos antoja perfecto reflejo de la actitud egipcia ante la vida y la muerte: el egipcio, especialmente el egipcio acomodado, el noble o cortesano, escriba y funcionario, fiel al estado y a su rey, tras una vida ejemplar de servicio y lealtad, en la que no ha descuidado la preparación de su ajuar funerario, de su tumba y del servicio que debe dejar asegurado para ella, puede esperar sin miedos la muerte, como un tránsito hacia un más allá o, mejor dicho, a una vida eterna en la que se va a prolongar la vida excelente del cortesano y terrateniente. Allí disfrutará de un paraíso que en buena medida no es más que una copia magnificada de las excelencias naturales de la tierra de Egipto. Pese a que hubo voces en Egipto que se alzaron ante esta imagen confiada de certidumbre en el destino del hombre, lo cierto y verdad es que la impresión que en general extraemos de la documentación egipcia se ajusta muy bien a lo que recoge la Historia de Sinuhé.
Y, como en este relato, queda claro el papel central, absoluto y solar del Faraón, y no solo como vértice de la pirámide social y centro del poder político. Para los egipcios el soberano es además el auténtico dador y garante de la felicidad eterna a la que todo egipcio aspira. Intermediario entre los hombres y los dioses, divino él mismo, bajo su responsabilidad no queda sólo el bienestar material del pueblo egipcio (él es el garante de la crecida del Nilo), o su seguridad frente a los enemigos. Además de todo esto, es él  quien facilita el paso a una feliz inmortalidad, que todo egipcio quiere disfrutar acompañando y sirviendo a su señor tras la muerte, como lo hicieron en la vida. Se trata de un dogma que evolucionará a través de los siglos y etapas de la historia egipcia pero que de una u otra forma nunca dejó de ser aceptado y sustentado.  Además, por supuesto, la Historia de Sinuhé es un documento de valor histórico de primer orden, pleno de datos y de verosimilitud. Nos informa acerca de acontecimientos y detalles internos de la corte egipcia, y pone de relieve la influencia de Egipto en la franja Sirio-Palestina durante la primera mitad de la Dinastía XII, quizás el primer período en que la autoridad de los faraones llegó a ser reconocida y aceptada en esta región de Asia.
En este sentido no hay que dejar que señalar las evidentes similitudes de este relato con textos y obras literarias de Palestina y Mesopotamia. Particularmente sugestivos son los paralelos con el texto Bíblico, que ya fueron señalados desde la publicación de las primeras traducciones de nuestro texto: la huida y éxodo de Sinuhé evoca inevitablemente la figura de Moisés, expulsado de Egipto, perdido en el desierto, pero también rescatado de la muerte gracias a la hospitalidad de la tribu de Jetró, con cuya hija, Sefora, se casará. Y, por supuesto, el paralelismo entre el duelo singular de Sinuhé con el campeón sirio y el relato bíblico de la lucha de David y Goliat es mucho más que una mera coincidencia…

viernes, 16 de septiembre de 2011

IMPERIO O REINO NUEVO

Dinastía XVIII
Por muchas razones a esta dinastía se la considera la más importante de toda la historia de Egipto.
Cuando subió al trono Iahmes I (Amosis) contaba con la edad de 10 años, como era menor de edad, la regencia de Egipto recayó en su madre Ahhetep. Luchó contra los Hicsos y los expulsó definitivamente del país llegando en su persecución hasta Palestina. Los Hicsos fueron vencidos con las mismas armas que ellos habían introducido. Al término de su campaña militar contra los Hicsos arremetió contra el reino de Cush, situado al sur de Egipto y que fuera aliado de estos. Después de tres campañas militares Iahmes I se adueñó de su territorio hasta la segunda catarata. Esta zona tenía mucho interés para Egipto por sus enormes reservas de oro. A partir de su reinado empezó a florecer el comercio exterior sobre todo con Fenicia y Creta. También comenzó a aumentar la actividad constructiva de monumentos y templos. En lo que concierne a la religión el dios principal tebano era Amón, aunque Iahmes I empezó a potenciar también el culto por Osiris, el dios de la vegetación y sobre todo el dios del Mundo Inferior o funerario.
Iahmes I fue enterrado en la necrópolis tebana de DraAbul-Naga.
Le sucedió en el trono su hijo Imenhetep I (Amenofis). Este faraón es mayormente conocido por haber cambiado radicalmente las costumbres funerarias. Pasó de la unión física de templo funerario y sepultura real a construirlos por separado. Se cree que fue el fundador de la necrópolis del Valle de los Reyes, aunque su tumba no se ha encontrado allí todavía.
Imenhetep I no dejó herederos así que su hermana, la princesa Amosis transmitió los derechos a su esposo. Como el derecho al trono había sido por ley y no por nacimiento (en este caso el derecho a reinar lo daba Amón) el nombre que adoptó fue Dyehutimes I (Tutmosis), ya que Toth es entre otras cosas era el dios de la ley.
Tampoco Dyehutimes I dejo herederos varones. Su hija legítima Hatshepsut se casó con su hermanastro Dyehutimes II (el padre era Dyehutimes I y la madre la princesa real Mutnefert) quien gobernó a Egipto durante cuatro años escasos.
Le sucedió su hijo Dyehutimes III que era un niño de corta edad. Debido a ello, la reina viuda Hatshepsut, se hizo cargo de la regencia. Durante los primeros años indistintamente según las necesidades hacía las funciones de rey o de reina, esta atípica corregencia duró poco ya que en el año 7 de Dyehutimes III, Hatshepsut se tituló definitivamente rey gracias al apoyo del clero que ideó un sistema para hacer legitimo su nombramiento como faraón. La llamada Teogamia: El dios (en este caso Amón) se encarna en el faraón para engendrar al heredero, que recibe así, el derecho a reinar.
Aun siendo mujer se hizo representar en los monumentos con rasgos masculinos, incluso con la famosa barba ritual.
Durante su reinado se rodeó de personas influyentes y con cargos religiosos como, Hapuseneb, visir y Sumo Sacerdote de Amón y en particular de Senmut, Segundo Sacerdote de Amón y su arquitecto real.
Una de las expediciones más documentadas de su reinado fue la que hizo al país de Opone (Punt) en busca de productos exóticos como maderas preciosas, resinas aromáticas, arboles del incienso, maderas perfumadas de tres clases (toshep, jasuy, imet), ébano, marfil, oro. En el templo mortuorio de Deir el-Bahari construido por Senmut en una de sus terrazas se encuentra representado este viaje. Se cree que Punt se encontraba en la costa del Mar Rojo, en la desembocadura del río Elefante muy cerca del Cabo Guardafui.
En el año 22 de reinado muere Hatshepsut reinando ahora en solitario el ignorado rey Dyehutimes III. Lo primero que hizo después de su muerte fue intentar recuperar los territorios perdidos en Asiria conquistados anteriormente por Usertsen III (Sesostris). A lo largo de casi 20 campañas militares, Dyehutimes III luchó primero contra el rey de Qadesh y luego en posteriores campañas contra los reyes de Mitani, situados en la zona del río Éufrates.
La misma política exterior fue continuada por Imenhetep II y Dyehutimes IV. Siguieron las luchas contra los pueblos Mitani en el Éufrates. Viendo Dyehutimes IV que las fuerzas estaban niveladas, se casó con una hija del rey de Mitani para sellar la paz entre los dos pueblos. Restablecida la paz se dedicó a la conservación y restauración de monumentos y templos. Uno de los que rescató de las arenas del desierto fue la gran Esfinge de Giza. Según cuenta la leyenda, Dyehutimes, antes de ser nombrado faraón se quedó dormido bajo la gran Esfinge. Entonces en un sueño el dios Ra le comunicó que si despejaba de arena la esfinge sería en un futuro proclamado rey, y como fue así mandó colocar un estela entre sus patas para recordar que debía el trono, no a Amón, si no al dios-sol Ra simbolizado por dicha esfinge.
A su muerte le sucedió su hijo Imenhetep III, más conocido como el Magnífico. Era hijo de DyehutimesIV y de Matenuya. Durante su reinado de casi cuarenta años la civilización egipcia alcanzó la cima. Fue más bien un monarca pacifista, lo demuestra el hecho de que continuó la práctica matrimonial inaugurada por Dyehutimes IV casándose con una hija del rey de Mitani llamada Shuttarna II, además se casó con una hija del rey de Babilonia y con otra del rey de Arzawa. También estuvo casado con la que sería la reina principal Tiy.
Aunque la capital seguía siendo Tebas, Imenhetep III pasaba gran parte del tiempo en Menfis. Esto hizo que los leves intentos de su antecesor por acercarse más al clero de Heliópolis y por consiguiente al culto solar fuesen continuados y con más fuerza por Imenhetep III. Empezó a dar cargos de importancia al clero de Heliópolis, mientras que por otro lado, se los quitaba al Tebano.
Imenhetep III sembró el país de templos y monumentos siendo el responsable máximo de ello el visir y arquitecto Amenhetep, hijo de Hapu; fue tal su fama que en tiempos de la Baja Época fue divinizado.
Durante todo su reinado no salió de Egipto; nunca viajó a sus posesiones asiáticas. Debido a ello poco a poco las relaciones entre Egipto y Mitani se fueron enfriando. Comenzaron las intrigas palaciegas. Imenhetep III sintió la necesidad de refugiarse en sus orígenes religiosos aproximándose ahora un poco más al clero de Amón.
Ya anciano, el faraón para reforzar los lazos con el pueblo Mitani, pidió casarse con una hija de su rey. La princesa Tadu-Jeba fue enviada por su padre Tushratta para desposarle. Pero su llegada coincidió con la muerte del faraón.
A partir de este momento entramos en un periodo tremendamente importante en la historia de Egipto. Se produjo en él un cambio significativo principalmente en lo religioso y en lo artístico. Comprende los reinados de Imenhetep III (su final), Imenhetep IV/Ajenaton y Tutanjamon (su comienzo). Se trata del Periodo Amarniense (Tell el-Amarna). Los datos escritos de esta época son muy numerosos y por lo tanto es una etapa bien conocida.
Lo primero que hizo Imenhetep IV tras suceder a su padre fue casarse con la princesa Tadu-Jeba, que en un principio estaba destinada a casarse con su padre, con este acto asumía los compromisos diplomáticos de Imenhetep III con Mitani.
Imenhetep IV creía en el monoteísmo, o sea, en la adoración de un solo Dios. Era un Dios no visible físicamente, era la luz y el calor que desprendía el sol. Fue representado en forma de largos brazos procedentes de la corona solar que daban vida y protección a todo ser viviente. Le dio el nombre de Atón.
Inicialmente gobernó en Tebas durante 4 años. A lo largo de ese tiempo se formaron dos bandos: uno partidarios del clero de Amón y otros seguidores de Imenhetep IV y partidarios del Dios solar y único, Atón. Pero en el año cuarto estalló definitivamente la crisis religiosa. Rompió sus relaciones con el clero de Amón y él y sus seguidores partieron hacia el norte en busca de un lugar para construir una nueva ciudad. Lo encontraron a 224 Kilómetros y a la ciudad le pusieron por nombre Ajetaton (el Horizonte de Atón). Construyeron palacios, viviendas, jardines, templos a cielo abierto, escuelas. El faraón como seguidor del Dios único cambió su nombre pasándose a llamar Ajenatón (el que es útil a Atón). También lo hicieron altos cargos como su general de todos los ejércitos Horemheb que pasó a llamarse Paatonemheb. Desde Ajetaton estableció una lucha encarnizada contra el dios tebano Amón, mandó cerrar templos, borrar de todos los lugares visibles el nombre del dios.
Ajenatón estaba casado con 
Nefertiti, su esposa principal, la descendencia que tuvieron fueron todas mujeres y en un total de seis. Estos eran sus nombres: Meritaton, Meketaton, Anjesenpaaton, Neferneferuaton, Neferneferura y Setepenra. Ajenaton mantuvo relaciones con las tres primeras, llegando a tener un hijo con la primera y la segunda.
Cuando en el año 12 de reinado, Nefertiti se separó de Ajenaton, este se casó con su hija primogénita Meritaton, la cual ya estaba casada con Smenjara.
Dos años más tarde murió Nefertiti y es posible que entonces se asociase como corregente a Anjjeperura (Smenjara). Esta corregencia no duró mucho ya que ambos murieron transcurridos tres o cuatro años.
Durante esta etapa se produjo un paréntesis en la evolución artística en Egipto. Hasta entonces se había empleado la expresión artística aspectada para representar la figura humana en muros, papiros, ostraca. Se caracterizaba primero por representar la figura humana mostrando la imagen más representativa de cada parte (cabeza de perfil, cuerpo de frente y piernas de lado) y segundo por dar al tamaño de la figura no un significado de perspectiva, si no de categoría social (a mayor tamaño, más alto cargo). En la etapa Amarniense se pasó a representar la figura de manera más real y un tanto exagerada: labios gruesos, ojos oblicuos, cráneo deforme, vientre voluminoso. En las representaciones de Ajenatón con su familia se les ve como personas deformes, aunque al final de esta etapa se suavizaron mucho los contornos, prueba de ello es la considerada como una de las obras cumbre del arte egipcio de todos los tiempos. Me refiero al busto de la reina Nefertiti de cuello de cisne y falto de la pupila izquierda y que fue encontrado en el taller del escultor real Tutmosis.
Le sucedió en el trono un joven de nueve años llamado Tutanjaton, se cree que era hermanastro de Ajenatón. Contrajo matrimonio con la tercera hija de este, Anjesenpaaton quien le trasmitió los derechos al trono. Durante los primeros años de su reinado vivió en Ajetaton, pero pronto se trasladó a Tebas. Promulgó un edicto restableciendo de nuevo el culto al dios Amón y a todos los demás dioses pero sin dar de lado al Dios Atón, a quien siguió adorando. Devolvió todos los bienes que tenían los templos y restableció el poder del clero tebano. Cambió su nombre y pasó a llamarse Tutanjamon.
Como era muy joven para reinar se hizo aconsejar por el ya anciano padre de Nefertiti, Ay y por el general de sus ejércitos Horemheb.
Tutanjamon falleció de muerte violenta a los 18 años. No tuvo hijos, por consiguiente con él se extinguieron el conjunto de monarcas que liberaron a Egipto de la invasión asiática y llevaron a esta nación a lo más alto de su poder y majestuosidad.
Tras el breve periodo de reinado de Ay, le sucedió en el trono el general Horemheb, seguidor por cierto del dios Horus. Aunque no tenía sangre real era el justo sucesor ya que durante los reinados de Ajenatón, Tutanjamon y Ay, había mantenido a raya los esporádicos intentos de invasión de los Hititas ya que para entonces el imperio mitanico había casi desaparecido.
Siguiendo el protocolo real se casó con la hija de Ay, Mutnedyemet. Durante sus veintiocho años de reinado procedió a una serie de reformas administrativas que pretendían remediar el caos provocado por las medidas de Ajenatón. A él se atribuyen la destrucción del templo de Atón en Tebas y posiblemente también el principio de desmantelamiento de la ciudad de Ajetatón.
Con Horemheb termina definitivamente la historia de este periodo tan importante de la historia de Egipto.

sábado, 10 de septiembre de 2011

ÉPOCA BAJA

Muchos estudiosos de Egipto consideran a esta dinastía como la última del Tercer Periodo Intermedio, pero en algunas tablas cronológicas la incorporan como la primera de la Baja Época. 
El fundador de la dinastía XXV fue Shabaka (Sabacón). Al subir al trono se proclamó rey de todo Egipto. Este y sus sucesores ciñeron la doble corona pero nunca renunciaron a sus orígenes manteniendo la necrópolis y la capital en Napata (cerca de la cuarta catarata). Construyeron muchos templos, la mayoría consagrados al dios Amón y siguiendo el puro estilo egipcio. A pesar de tener su propia lengua indígena (la meroítica), las inscripciones de los templos se realizaron en un correcto egipcio clásico. 
Durante la dinastía Nubia cobró mucho auge la institución de las Divinas Adoratrices de Amón en Tebas, poniendo al frente de este cargo a alguna hija del faraón regente. 
En cuanto a la política exterior, los faraones Nubios debieron afrontar durante su reinado las amenazas de los Asirios. Los reyes Sargón II, Senaquerib, Asaradón, Asurbanipal lucharon en el Delta del Nilo contra sus contemporáneos egipcios Shabaka, Shabataka (Shebitku), Tahlq (Tarco), Tanutimen (Tantemani), Nekau I (Necao). Se iban alternando las victorias hasta que Psametico el hijo de Nekau I que se había refugiado en Siria, hizo frente a Asurbanipal venciéndole y expulsando a los Asirios de Egipto. Con el reinado de Psametico comienza una nueva dinastía. La XXVI.